El cuarteto, ahora Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

En un hito histórico para la cultura popular argentina, el género conocido como cuarteto fue declarado oficialmente por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El reconocimiento fue adoptado este martes en la 20.ª sesión del Comité Intergubernamental de la organización, realizada en Nueva Delhi, India. La candidatura, titulada “Cuarteto, música, danza y letras en la ciudad de Córdoba, Argentina”, fue presentada por la Municipalidad de Córdoba con el respaldo del Estado nacional, tras un proceso iniciado en 2022. 

¿Qué valora la UNESCO del cuarteto?

No solo la música: la declaración reconoce al cuarteto como “práctica cultural viva”, que incluye música, danza, letras, espacios de encuentro, rituales de pista, encuentros comunitarios, historias y memorias compartidas. Transmisión generacional: el cuarteto gana legitimidad como tradición que atraviesa generaciones, barrios, clases sociales y mantiene su vigencia gracias a la transmisión intergeneracional. 

Desde su origen en los sectores populares cordobeses, con influencias europeas, criollas e inmigrantes, el cuarteto fue una forma de entretenimiento, sociabilidad y afirmación cultural que hoy representa una parte fundamental de la identidad cordobesa. 

Según declaraciones institucionales, el oficio, la historia, la alegría colectiva, los bailes en los clubes barriales, las letras populares y la música festiva —todo eso ahora trasciende lo local y se inscribe como patrimonio compartido de la humanidad. 

Para quienes viven, sienten y sostienen el cuarteto, este reconocimiento tiene un valor simbólico profundo: un gesto de dignificación de la cultura popular, de los barrios, de la oralidad, de los lazos comunitarios. 

Para quienes defienden su historia (casi siempre invisibilizada frente a expresiones más “nobles” o elitistas) este momento representa una victoria simbólica: un espaldarazo institucional para una música que no nació en salones, sino en clubes barriales, radios populares y reuniones de amigos. Que la UNESCO reconozca al cuarteto implica incorporarlo a una lógica patrimonial global: regulación, protección, institucionalización. Eso puede chocar con su naturaleza espontánea, su vínculo con lo popular, lo barrial y lo laburante. Hay un riesgo de burocratización de lo que históricamente fue una cultura viva, mutante y fronteriza.

Este suceso no es una mera condecoración simbólica: representa un giro en el valor público de expresiones culturales populares, un reconocimiento de que la cultura obrera, barrial, migrante y popular tiene dignidad, historia y derecho a formar parte del “patrimonio de la humanidad”. Para la Argentina —y para el Sur Global— implica que las memorias locales, las músicas populares, las tradiciones que surgieron desde la periferia cultural encuentren un espacio de visibilidad internacional. Es un reconocimiento sobre quiénes somos, de qué manera construimos identidad colectiva, memoria social, barrio, comunidad.

Pero también es una oportunidad para revisar críticamente las dinámicas de preservación cultural: cómo se institucionalizan, quiénes participan del proceso, qué se prioriza, con qué fines. Un patrimonio no es algo fijo: debe sostenerse vivo, cuestionado, reinventado.

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