Junín de los Andes: el río volvió a contar su historia en la 36° Fiesta Nacional de la Trucha

Junín de los Andes volvió a latir al compás del río. Durante tres días, la 36° Fiesta Nacional de la Trucha reunió a pescadores, familias, artistas, productores y turistas en una celebración que ya es parte del ADN neuquino. Una vez más, el Chimehuín fue escenario y protagonista: testigo de los primeros lanzamientos, de los abrazos al caer la tarde y de una comunidad que se reconoce en su río.

Desde el viernes 31 de octubre, la ciudad se transformó. Embarcaciones en el agua, corte de cinta, ferias en la plaza San Martín, música en cada esquina y ese aire frío y limpio que solo tiene el sur. El acto de apertura tuvo palabras del gobernador Rolando Figueroa —quien destacó la importancia de la pesca deportiva y el turismo como motor de identidad— y de las autoridades locales que remarcaron el trabajo colectivo detrás del evento. Pero el momento más emotivo fue el homenaje a Celso Gallardo, histórico guía de pesca fallecido este año. Su familia sostuvo un pasacalle y descubrió una placa en su memoria frente al río. Nadie habló demasiado: el silencio, atravesado por el murmullo del Chimehuín, dijo todo.

En la Casa del Bicentenario, las charlas técnicas y los talleres de atado de mosca para infancias y adultos mantuvieron la tradición viva. Afuera, la feria “Junín Produce Sustentable” sumó color y movimiento, con productores locales ofreciendo alimentos regionales, artesanías y equipos de pesca. 

Y cuando cayó la noche, la fiesta se volvió música. En el Centro Tradicionalista Huiliches, la energía de Los Tekis hizo bailar a todos, pero fue Marité Berbel quien logró el silencio más profundo: parada en el centro del escenario, interpretó el Himno de Neuquén a capela. Su voz quebrada, acompañada por un coro improvisado de cientos de personas, fue uno de esos momentos que quedan guardados.

El sábado, el amanecer encontró a Junín despierta antes que el sol. Las balsas ya navegaban el río, los guías ultimaban detalles y los equipos se preparaban para el torneo de pesca, con más de 25 parejas participando en las modalidades de vadeo y embarcado. “Nunca habíamos tenido tanta convocatoria, fue impresionante”, contó Oscar Desio, uno de los organizadores. El clima acompañó y el río regaló escenas inolvidables: líneas lanzadas al cielo, risas compartidas, paciencia y respeto. Durante la jornada, uno de los pescadores, Carlos García, se descompensó luego de sacar una trucha de 68 centímetros. Fue trasladado al hospital y, ya recuperado, terminó ganando el premio a la mayor captura. Su historia se volvió la más comentada del torneo: esfuerzo, susto y alegría, todo en uno.

A la noche, la Cena de Camaradería reunió a guías, autoridades y vecinos. Se proyectaron imágenes antiguas de los pioneros de la pesca con mosca, y la secretaria de Turismo, Florencia Rocha, agradeció el esfuerzo de todos los sectores que hicieron posible la fiesta. El intendente Luis Madueño recordó que “sin ríos sanos, no hay pesca posible”, y llamó a cuidar el agua como legado. El domingo fue cierre y comienzo al mismo tiempo. Mientras la plaza San Martín volvía a llenarse de familias y turistas, se realizaba el torneo de lanzamiento con categorías para todas las edades. Hubo entrega de premios, sorteos —incluida una camioneta 4×4— y aplausos que marcaron el final de una edición inolvidable.

La Fiesta Nacional de la Trucha no es solo un evento deportivo: es una manera de contar quiénes somos. Es el río como escuela y refugio, es la economía local moviéndose al ritmo de los remos, es la herencia de los que enseñaron a leer el agua. Porque, como dijo un viejo guía de Junín mientras guardaba su caña: “El río no se hereda. Se cuida, se respeta y se enseña a amar.” Y así, con ese eco todavía flotando entre los álamos, Junín de los Andes despidió una nueva fiesta. El río, como siempre, seguirá contando la historia.

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