“La edad no es un límite”: la cordobesa de 90 años Elena Placci se consagró campeona mundial

A los 90 años, Elena Placci volvió a demostrar que la pasión no se jubila. Nacida en Río Cuarto, la nadadora se consagró campeona mundial en su categoría durante el World Aquatics Masters Championships disputado en Singapur y emocionó al mundo del deporte con una historia que combina constancia, fortaleza mental y una convicción inquebrantable: los sueños no tienen fecha de vencimiento.

La escena decisiva ocurrió del otro lado del planeta, en una pileta olímpica asiática. El cuerpo acusaba el esfuerzo y una lesión reciente hacía arder una pierna. La cabeza, en cambio, estaba clara. “Dejar de pensar en el dolor y pensar en la carrera”, se repitió al largar. Brazos, piernas, respiración. Cuando tocó la pared no sabía todavía que había ganado, pero sí algo más profundo: había cumplido.

Hasta llegar ahí, el camino fue largo y exigente. Tres días de aeropuertos y escalas —Córdoba, San Pablo, Estambul, Singapur— para competir en un torneo que reunió a cerca de seis mil atletas máster de cien países. En esa ciudad-estado de precisión casi quirúrgica, donde el agua ordena la vida urbana y deportiva, Elena volvió a encontrar su elemento.

Pero la historia no empieza en Singapur. El verdadero punto de inflexión llegó con la jubilación. Durante décadas, Elena enseñó inglés en escuelas de Córdoba. En 1999, con 64 años, el calendario se vació y apareció una pregunta sencilla y decisiva: ¿qué hacer ahora? La respuesta estaba guardada en una memoria de infancia: nadar.

De chica, en los veranos del Club Estudiantes de Río Cuarto, la pileta estaba descubierta y el agua helada. En invierno cerraba. La natación era un gusto, no un proyecto. Ya jubilada, Elena volvió a una pileta del Círculo de la Fuerza Aérea. Nadó unos largos. Un entrenador fue directo: había talento, pero faltaba técnica. Aceptó el desafío sin dudar. Tres meses de correcciones, estilos y repeticiones. Luego, el paso al equipo máster. Y desde ahí, no paró más.

El primer torneo fue en Rosario. El primero en el exterior, en Fort Lauderdale. No hubo medallas al inicio, sí aprendizaje. “Hay que aprender a competir”, repite. A aprender a largar, a sostener el ritmo, a leer la carrera. Con el tiempo llegaron los resultados: 104 torneos entre nacionales e internacionales, sudamericanos, panamericanos y mundiales. Hubo pausas obligadas —la pandemia, la enfermedad de su marido—, pero nunca un abandono definitivo. Siempre volvió al agua.

Para Elena, la natación es más que un deporte. Es una forma de estar en el mundo. Entrena con una disciplina que no negocia: seis días por semana, incluso domingos. Antes de cada prueba, un agradecimiento silencioso que resume su filosofía: gracias a la vida por permitirle hacer lo que ama, por sentirse viva, por elegir.

Las competencias también le regalaron algo que no figura en los podios: amistades que cruzan fronteras. Nueva Zelanda, Australia, Perú. “Coleccioné amigas del exterior”, dice con una sonrisa. El universo máster, diverso y hospitalario, se convirtió en una comunidad donde el entusiasmo pesa tanto como las marcas.

Hoy, su mensaje es tan simple como potente. La clave está en la cabeza, insiste. Fijarse una meta y avanzar paso a paso. Sin apuros, sin excusas. A los 90 años, Elena Placci no solo ganó una medalla. Ganó, una vez más, la carrera contra los límites impuestos y dejó una lección que trasciende el deporte: nunca es tarde para empezar de nuevo.

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