Un equipo de investigadores del CONICET está llevando adelante un innovador estudio en la Antártida para comprender cómo se comporta la luz natural en uno de los entornos más extremos del planeta. El proyecto busca generar conocimiento que permita mejorar las condiciones de vida de quienes habitan bases científicas en regiones polares y, al mismo tiempo, fortalecer la presencia científica argentina en el Atlántico Sur.

La investigación se desarrolla en la Base Esperanza y está a cargo de los científicos Juan Manuel Monteoliva, Roberto Germán Rodríguez y Emanuel Ricardo Schumacher, integrantes del grupo de Iluminación Natural Sustentable del Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía. Allí analizan cómo varía la luz solar en un territorio donde durante el verano hay largas horas de claridad y en invierno predominan extensos períodos de oscuridad.
El estudio aborda la luz desde tres dimensiones distintas. Por un lado, analiza el entorno urbano de la base, observando cómo la disposición de edificios y el relieve influyen en la iluminación natural. También examina espacios interiores, como la Escuela Provincial N.º 38 “Presidente Raúl Ricardo Alfonsín” (la escuela más austral del mundo) y el laboratorio científico de la base. Finalmente, el proyecto estudia el impacto de la exposición prolongada a la luz sobre las personas, especialmente en relación con los hábitos de sueño y los ritmos biológicos.
Para realizar estas mediciones, los investigadores utilizan equipos capaces de registrar distintos tipos de luz del espectro visible y circadiano, así como la exposición lumínica personal. Los datos permitirán construir modelos virtuales que simulen las condiciones de iluminación durante todo el año en la Antártida.

El trabajo implica además importantes desafíos logísticos y climáticos. Durante la campaña de verano, el equipo realizó mediciones al aire libre con temperaturas extremas y vientos superiores a los 40 kilómetros por hora. Incluso en esta época del año, cuando el sol llega a ocultarse brevemente, la oscuridad total nunca llega a producirse.
Los resultados del proyecto podrían tener aplicaciones concretas en el diseño de infraestructura y espacios habitables en ambientes extremos. También contribuirán a mejorar el bienestar de quienes viven o trabajan en territorios polares, optimizando el uso de la luz natural en edificios y actividades cotidianas.
Además del valor científico, la investigación refuerza la tradición argentina de presencia y estudio en la Antártida. Con nuevas bases de datos, publicaciones y colaboraciones internacionales, el proyecto busca consolidar al país como un referente en el estudio de hábitats sustentables en regiones polares y seguir ampliando el conocimiento sobre uno de los territorios más singulares del planeta.